GARGANTA DE BARROSA

25-06-2016  



Parece que las chicas se van aficionando y hoy vuelven otra vez a barranquear. Hemos escogido la garganta de Barrosa que es corto y muy divertido. Saltos y toboganes varios. A destacar el pedazo tobogan lanzadera que pone a prueba nuestra adrenalina.




Nos vamos haciendo aguadillas en cada sitio que es posible. Voy a hacerle una a Silvia y me da un rodillazo donde mas duele que me deja sentado en el sitio. Espero que haya sido sin querer, jajaja. El tobogan es espectacular. Es bastante largo y al final sales despedido sin control cayendo de espaldas al agua. Este año se ha colmatado la poza y se toca aunque sin problemas. Después del tobogan hay un bicho muerto que huele que apesta. Aunque vamos con cuidado después de pasarlo, acabo echándome un trago que pagare con una ligereza de tripas por la noche. Al acabar el barranco y abrir el bote estanco para comer unos kit kat me doy cuenta que se me ha metido agua. Se me ha perdido la junta de la tapa.






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UNA DE ESCALADA. LA AGUJA ROJA. RIGLOS, HUESCA

18-06-2016

Texto: Sonia Linacero 
Fotos: José Fernández

Después del partido de pádel del viernes, Jose me propone ir a escalar el sábado a Riglos y hacer una vía de largos. Aunque me había reservado el sábado para hacer cosas pendientes, decido pillar el arnés y el casco y aceptar la propuesta.



Nos vamos pues hacia Riglos y tras la parada de rigor para un café en Ayerbe, llegamos al parking sobre las 10,30. Hace viento y éste viene bastante frío para la fecha que estamos. Faltan tres días para el comienzo del verano y deberíamos vestir con pantalón corto y camiseta. Además de coger todo el equipo, el viento nos anima a meter en la mochila ropa de más, que la vía es cara norte y sombría. Nos ponemos en marcha buscando el sendero que nos suba a pie de vía, pero nos hemos dejado el machete. Al poco de encontrar el camino, agradezco no llevar pantalón corto. El sendero es demasiado espeso, lleno de arbusto bajo espinoso que se engancha en la ropa y en la mochila y a veces es difícil andar. Esto me hace llegar a dos conclusiones: o La Aguja Roja no es una vía demasiado frecuentada y por eso el sendero es muy cerrado o nos hemos equivocado de camino. Voto por la segunda, ya que la vía que hemos elegido es bastante famosa y por lo que he leído, ideal para iniciarse en largos por su bajo grado. 



Levanto la mirada y la vista es impresionante. Miro de frente a mi próximo objetivo y empiezo a preguntarme qué hago allí y por qué no me habré quedado en casa para hacer lo que tenía pendiente. Siempre me pasa lo mismo cuando voy a empezar una actividad. Aparece ese miedo inicial. Diosss...!!! qué grande es esto!! Seré capaz?
Llegamos a pie de vía. Comemos algo, repasamos el material y distribuimos en las mochilas lo que vamos a subir. Agua, algo de comida, móviles, ropa y demás en una mochila. La otra y el calzado se quedarán abajo.
La seguridad es lo más importante. Jose repasa una y otra vez el material y se asegura de que yo tenga claro los pasos a seguir. Es mi segunda vía de largos. La primera también la hice con él y por ejemplo, el reverso no lo he usado nunca. Me repite las cosas varias veces, se asegura que todo va bien y que todo es correcto.




Comenzamos. Jose va de primero. Abre la vía y yo le sigo. El primer largo es un diedro grado IVc que Jose me advierte que no entre, que escale en X por la parte de afuera. A lo que me doy cuenta, ¿dónde estoy? Dentro. Reculo y, cómo no,  tiene razón. Más fácil por fuera. La primera reunión es un trono al que llego después de rectificar. La vía es bastante vertical y a veces ni nos vemos. Aun habiendo perdido contacto visual en algunos tramos, seguimos hablando, aunque sea a gritos. Necesito sentir que no estoy sola ante semejante pared que tengo por delante, por mucho que sepa que es fácil y aunque haya repasado la reseña varias veces la noche anterior. A veces el viento se encañona y es imposible oírnos. Si abajo sopla muy fuerte y solo puedo oír su fuerza, cuando para, entonces pasa lo mismo arriba, y hasta que no cesa esa racha Jose no me puede oír a mí. Es necesario esperar a que cese para poder seguir en contacto.



Todo se desarrolla según lo previsto. Alcanzamos las reuniones sin problema alguno, cada uno a nuestro ritmo, recuperando cuerda, asegurándonos constantemente, ahora foto, espera que tengo calor...
Escalar en Riglos tiene su aquel. Por un lado, pararte ante semejantes moles y pensar que tú vas a ser uno de esos seres diminutos que ves pegados a la pared, impresiona demasiado y dudas si de verdad serás capaz de permanecer ahí más de diez minutos antes de huir. Por otro, al menos en las dos únicas vías de largos que he hecho en la zona (y en mi vida), los cazos de los que dispones y los bolos a los que tus manos se agarran con facilidad te permiten seguir sin problema. Estas dos sensaciones chocan en mi cabeza mientras voy avanzando. Inseguridad, insignificancia y fragilidad frente a estabilidad, firmeza y progresión.
En una reunión es el momento de beber un poco de agua. Sacamos el botellín y nos damos cuenta que hemos cogido el que está medio vacío.   
-  ¿Tú eres de beber mucha agua?
-  Si no hace mucho calor, no.
-  Menos mal.


Seguimos. Hemos alcanzado ya tres reuniones y el paso de V grado,  y cuando estaba terminando el penúltimo tramo, muy majete y disfrutón, CRONCH!! Rodillazo. Tampoco fue tanto, pero debí de darme en el punto exacto como para que se desprendiera algo de líquido o yo qué sé, el caso es que me empezó a molestar. Sólo quedaba el último largo, un IV muy fácil para llegar al final. Compruebo la estabilidad de mi rodilla y me temo que me puede fastidiar en los rápeles de descenso.
Ya en la cima. Estamos ante la Oya de Huesca y el Valle del Ebro que se presenta bajo nuestros pies. La vista es espectacular, hacemos fotos, y:

-  Sacamos algo para picar?
-  Yo no he traído nada.
-  Ostras, pues yo me lo he dejado en la otra mochila...
Cri, Cri, Cri...



Es hora de pensar en ir bajando. Tenemos dos cuerdas, pero Jose observa que una de ellas tiene algo que no le da mucha confianza. Montamos el rapel con las dos y comprueba varias veces que todo está bien, que yo estoy bien pillada, que me pondré el ocho de la manera más segura, que podremos recuperar las cuerdas cuando lleguemos a la siguiente reunión.
Cuando hago alguna actividad con cuerdas, me aseguro que el pelo lo tengo bien recogido. El viento tan fuerte se cuela por cualquier rincón y deshace todo lo que antes te has preocupado de sujetar bien. El caso es que no nos damos cuenta de que tengo algún mechón de pelo que sale del casco y baila por la cara. Desciendo el primer tramo y al mirar hacia abajo a ver si tengo algún arbusto o algo que sortear, se me engancha en el ocho un pequeño mechón de pelo, que conforme me voy moviendo se enreda más. Gracias a que únicamente fueron media docena de pelos, no pasó nada malo. Tiré de ellos y allí se quedaron. Error de novata total. En la siguiente reunión me aseguré de que todos volvían a estar dentro del casco.



Descendemos sin problemas los dos rápeles que nos quedan, aunque tengo que tener cuidado con mi rodilla. Llegamos a la base de la vía y al recuperar la mochila que se había quedado allí, me doy cuenta que dentro estaba mi cartera, las llaves de casa y las del coche. Si alguien con mala fe hubiera pasado por ahí y se hubiera llevado la mochila,  además de hacernos una putada gorda, le habría tocado la lotería. No tenía más que coger las llaves del coche, darle al mando a distancia y el que saludara con un 'Tuic, Tuic', ese era. Conclusión: cogimos la mochila equivocada. Subimos con la vacía y nos dejamos la llena.
Faltaba bajar hacia el coche. En lugar de volver por el espeso sendero de subida, probamos suerte por la parte derecha del mallo. Nos encontramos con un barranco que tuvimos que destrepar, alguna pedrera y de nuevo con la espinosa flora de la zona que se enganchaba en la mochila... y yo con mi rodilla de aquellas maneras.
Respecto a ésta misma, fui a la clínica a la que me mandó el seguro. Una placa, pues tiene usted una contusión que necesitará reposo, vendaje y listo. Cuando me estaba atendiendo el médico me pregunta:
-  ¿Dónde estabas escalando?
-  En Riglos.
-  En la Aguja Roja!
-  Pues si –me quedé perpleja. Lo llevaré escrito en la frente?

Resulta que el señor doctor había sido escalador y comienza a contarme batallitas. Entre otras, dijo que haciendo esa vía, una vez se encontraron un sillón en la cima. Y que cuando llegaron, como les molestaba, no sabían qué hacer con él y lo lanzaron al vacío. Ojiplática quedome!!



No llevo demasiado tiempo escalando, pero todo lo que percibo cada vez es mejor. Además de la sensación de auto superación continua, que la hay y mucha, la confianza en el compañero es fundamental. Cada vez que hago alguna actividad confío plenamente en la persona con la que voy, si no no iría, pero también tu compañero cuenta con que vas a finalizar con éxito, a no ser que surgiera algún accidente o imprevisto, y también confía en ti, porque su seguridad está también en tus manos. Y esa confianza mutua mola mucho. Qué grande!!!


GARGANTA SUPERIOR DEL YESA

11-06-2016   


TEXTO: Sonia Linacero  

Después de varios meses sin ponerme un neopreno, se presenta la oportunidad de hacer un barranco divertido y pasarlo bien.
Rafa nos propone a Isabel y a mi ir al camping de Morillo de Tou donde tiene su rinconcito de descanso y hacer un barranco con unos amigos suyos. Se trata de hacer la Garganta Superior del Yesa, dentro del valle de Vió, en la zona de Aínsa.
Isa y yo salimos temprano y cuando llegamos al camping donde nos esperaba Rafa se palpa cierta expectación en el ambiente: " Es el cumpleaños de Rafa, ha venido sin diente ( lo ha perdido el día de su cumpleaños mordiendo pan) y con dos chicas. A ver como son las "amiguitas" Aquello es como Melrose Place pero en guay. Cada uno tiene en su parcela su casa con todo lujo de detalle y a todo confort. Mucho niño sin consola y jugando al aire libre. Esa misma mañana entre varios están ayudando a montar algo en la parcela de otro. El caso es que nos reciben genial. Presentaciones, saludos, huevo frito, chorizo, café y una breve conversación, que se nos hace tarde y tenemos que marchar.




Llegamos a Buerba y aparcamos en la plaza del pueblo. Como nos queda más de una hora de caminata y el calor es pegajoso, nos calzamos las botas, llenamos las sacas y con los neoprenos a la espalda empezamos el descenso (que luego habrá que subir) hacia el comienzo del barranco. Una vez alli nos enfundamos el neopreno y el equipo y el calor que hace nos azuza a sumergirnos rápido en una poza cercana. Ángel y Rafa son los 'masters' y Sixto, Silvia, Alba, Isabel y yo el resto de la comitiva. No era nuestro primer barranco para ninguno excepto para Alba, que se estrenó con éste. Pero en ninguno de los dos únicos rápeles tuvo ningún problema. Toda una campeona.



El barranco es fácil y divertido con varios saltos y muy rico visualmente. Si ahora en primavera está así de bonito con flores y verde en todos los rincones, no quiero imaginar con los colores que trae el otoño.
Hacer un barranco de este tipo y con los siete que íbamos te permite disfrutarlo de otra manera. Puedes ir a paso "absurdo" (Rafa sic) hacer fotos, aguadillas, mas aguadillas, volver a hacer un salto varias veces, mas fotos, risas,... Y momentos de todo tipo: "Aquí resbala un poco. ¿Que? ZASS!! Culetazo". Toboganes muy WOOOW!, con falsete en la segunda O. La risa contagiosa de Silvia no nos deja reir y nadar al mismo tiempo, y eso supone que mas de uno dé algún trago de agua involuntario, mosquitos incluidos. ¡Ah! El no diente de Rafa estuvo presente durante todo el descenso. Paramos a mitad del barranco a picar algo y descansar un poco.
Salto, foto, tobogán, aguadilla, tobogán,... hasta llegar al final. Nos desenfundamos el neopreno rápido, comemos algo e iniciamos la subida por una cuesta generosa, el mismo sendero que hemos bajado esta mañana, pero ahora algo cansados y con el sol de cara.



Han sido unas tres horas de descenso, que junto con la aproximación y el retorno, en total algo más de cinco.
Llegamos al camping y tenemos preparado un perolón de macarrones que había hecho 'mamma' Pili. Estamos caninos y los devoramos enseguida. Tomamos café con trenza de Almudévar y con el resto de La Familia (dígase con acento de mafia calabresa, juntando las yemas de los dedos de la mano derecha y un ligero movimiento de muñeca) que van apareciendo uno tras otro. Comentamos la jornada, echamos unas risas y decidimos que ya es hora de marchar.
Ha sido todo muy divertido, gracias a Rafa y a la hospitalidad de su gente.
Volveremos. Y no es una amenaza.



SIMA DE SAN PEDRO

04-06-2016


Comienza una nueva aventura del grupo pipistrellus. Hoy toca ir a pasar el día a la sima de San Pedro, en la localidad de Oliete. Miramos el cielo con preocupación pues han dado lluvias todo el día. Lo cubren algunas nubes pero de momento parece que vamos a tener suerte y nos va a respetar la lluvia.
La sima de San Pedro es única en Europa. Tiene una boca de unos 80 metros de diámetro y 90 de profundidad. El fondo de la sima esta ocupado por un lago de 22 metros de profundidad. El agua esta muy sucia por estar estancada y por los excrementos de las especies que habitan en la sima. Sale un ligero tufillo que inunda nuestras fosas nasales. En la sima habitan gran cantidad de especies, unas 25  entre mamíferos, aves, anfibios y reptiles. Lo mas peculiar de todo son las aves. Al amanecer salen de la sima por especies en un orden determinado y al anochecer vuelven a la sima en orden inverso. Dicen que es todo un espectáculo.

       foto: Migue Ángel


En una orilla de la sima hay una plataforma metálica que es donde montamos las dos cuerdas por las que vamos a descender. Desde aquí impresiona bastaste, sobre todo cuando hay que dar el paso al otro lado de la barandilla. Bajar 95 metros de rapel se hace largo. Hay que bajar despacio para que no se caliente excesivamente la cuerda. La bajada se acaba justo al lado del lago de aguas negras. Menos mal porque no apetece meterse en esas oscuras y sucias aguas. Levantar la vista hacia arriba hace que me quede muy impresionado por las dimensiones de la sima. La quietud del lago y el sonido de los pájaros me hace entrar en un estado de paz y relajación mientras espero que baje mas gente.  Poco a poco van llegando. Estando sentados en una ladera, saca Mariano el bote estanco y lo deja apoyado en el suelo. Clank, clank, clank, chof. El bote se va rodando hasta el lago. Afortunadamente se ha quedado a un par de metros de la orilla y no se ha ido hacia el centro. ¡Cualquiera se mete a cogerlo! Agarra Manolo una rama de higuera y con paciencia y provocando una corriente con ella, consigue atraerlo y cogerlo.




Después de que llegan todos toca lo mas duro; subir. Empiezo yo con Hector. La cuerda se estira tanto que hay que recoger varios metros antes de que se tense lo suficiente para poder subir. La cuerda chiclea una barbaridad. Y hay veces que tengo la sensación de no avanzar. Subo el puño y al hacer fuerza en la pedaleta, en vez de subir yo, baja la cuerda. Es una sensación muy rara. Desde fuera me han dicho de daba la impresión de que estaba haciendo los gestos de subir pero sin moverme del sitio, como en los sueños que corres y no avanzas. Tanto chicleo arriba y abajo acaban mareandome. Poco a poco se van reduciendo las distancias a la plataforma. Los metros se hacen largos y ponemos a prueba nuestros pulmones y piernas. ¡Al fin arriba! Por lo menos estamos teniendo suerte con el tiempo. No hace mucha calor, lo que provocaría que la subida fuera un infierno, y solo llueve unos pocos minutos.



Poco a poco va subiendo la gente. Van viniendo visitantes a la sima. Primero vienen varias familias con un montón de críos que aplauden cuando ven aparecer a Rafa por la barandilla. Luego vienen un grupo de abuelos. Las abuelas vitorean a las chicas que están subiendo.
- ¡Animo!¡ Las chicas al poder!- gritan mientras les dan ánimos
Las recibimos arriba con un fuerte aplauso.

       Foto: Miguel Ángel



 Han llegado otros dos abuelos que son peores que los críos. Habiendo gente abajo se ponen a lanzar piedras al lago.
Ya solo que da Miguel Ángel por subir.Estamos asomados a la barandilla cuando de repente le oímos gritar a Eva:
- !Venga moñas¡
Nos quedamos todos callados mirándonos asombrados porque no nos lo esperábamos nadie
-¡Maricón el último!- grita a continuación Isabel sin darnos tiempo a recuperarnos de la sorpresa.
Aunque luego lo nieguen les oímos todos jajaja
Ha sacado Fernando una cervezas y cuando a Miguel Ángel le quedan pocos metros, le preguntan si quiere. Se la lanzan a ver si le atinan en la boca. Coge una Isa y en vez de lanzasela poco a poco se la vuelca entera. Le pone el mono en perdición.
Ya por fin todos estamos arriba. Estamos en los coches y aparece Miguel Ángel con el mono totalmente abierto y con unos calzoncillos fluorescentes. ¡Menudas pintas! Los dos abuelos están un poco retirados y les oímos decir entre ellos, pero un poco fuerte para que les oyéramos:
- ¡¡Oye, pero aquí cuando se folla!!


 Después de la sima nos vamos a Oliete a comer. El del bar nos deja llevar nuestra comida a la terraza si le cogemos la consumición. Se esta de vicio. Tienen un horno exterior que me parece que la próxima vez que vengamos habrá que reservar para probarlo