VIAJE A ESCOCIA (1ª PARTE)

AGOSTO 2003



Me voy con Carmelo a recorrer Escocia en bicicleta. Cojo los billetes por internet. De Madrid a Londres y de Londres a Edimburgo y para volver a la inversa. Salimos de Zaragoza de madrugada. Nos lleva el padre de Carmelo a Madrid en su coche. Un poco antes de salir de casa, miro en internet para apuntare los localizadores del avión, para los billetes. ¡Sorpresa! Me doy cuenta de que la fecha del avión de Londres a Edimburgo es de hace varios días. Vamos ¡que nuestro avión hace varios días que salió! ¡Desastre! Yo pensaba que los había revisado pero o no fue así o estoy empanado. Así que cuando bajo al coche le digo:
-Carmelo que hemos cambiado de planes. Nos vamos a recorrer Inglaterra en vez de Escocia.
- ¿Y eso?- pregunta.
- Nada, que se nos ha ido el avión
Parece que se lo toma bien. En el aeropuerto de Madrid compramos una guía de Inglaterra para ver lo que podemos hacer y ver por allí.
Llegamos al aeropuerto de Londres. Estamos un poco perdidos. En un mostrador que venden los billetes de autobús y de tren para llegar a Londres, hay una española pidiendo sus billetes, así que aprovechamos y le decimos que si nos puede preguntar para coger los billetes de tren que nos llevara a la capital. El ingles no es lo nuestro. Intentamos sacar un billete de avión para Edimburgo pero nos cuesta tanto como todos los otros billetes juntos, por lo que renunciamos a ello. Estamos bastante perdidos y no sabemos muy bien como salir de allí. Hay una mujer que ve que habla español, así que aprovechamos cuando se está sacando el billete para ir a la ciudad para que nos saque uno a nosotros.
Vamos con las bicicletas embaladas y pesan como un muerto. Al bajar del tren otra sorpresa ¡He perdido la guía de Inglaterra! ¡Desastre! ¿Qué hacemos? Decidimos intentar coger un tren a Edimburgo dado que sin la guia no tenemos ni idea lo que hay en Inglaterra para ver. Ir por las calles con las bicis es horroroso. Nos las colgamos al hombro pero se va fatal, pesan como un muerto. Y encima al metro con ellas. Uffff. Menos mal que no nos ponen ninguna pega por llevarlas en el metro. Resulta que el tren cuesta también un montón. Decidimos intentarlo con el autobús. Otra vez al metro y luego una buena andada por la calle que se nos hace eterna. Aquí si que tenemos pasaje pero hay un problema. No nos dejan meter las bicicletas al bus. Discutimos con el conductor, como podemos, ya que no hablamos muy bien el ingles (pésimamente diría yo), y al final se arregla entregándole un poco de dinero. Un pequeño soborno vamos. Porque dice que es una tasa pero para mi que se lo ha inventado. Pero por fin podemos llegar a Edimburgo después de esta pequeña odisea.

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